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Hacienda Sotuta de Peón, un viaje al pasado del henequén en Yucatán

Hacienda Sotuta de Peón

Por Claudia Pacheco Ocampo.

Un viaje al pasado en el corazón de la que fue zona henequenera de Yucatán, es la Hacienda Sotuta de Peón que data de fines del siglo XIX y guarda en cada una de sus paredes, jardines y planteles, la época de esplendor comercial del llamado «Oro verde».

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Es un monumento histórico con una extensión de 500 hectáreas y en un total de 200 de ellas se planta el henequén. Es propiedad de Adolfo Lubke, quien nació en Yucatán y en la actualidad es administrada por su hijo William Lubke.

«Se trata de una hacienda viva, un museo impresionante en el que mostramos el proceso para trabajar la fibra del henequén. En sus caminos recordamos lo que fue la industria henequenera de Yucatán, pues aunque seguimos produciendo, nuestro giro ahora es más turístico», explicó a Notimex Mariana Arjona, guía de turistas en la Hacienda Sotuta de Peón.

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El recorrido tiene una duración de tres horas y se divide en dos partes. La primera tiene que ver con la historia de la hacienda e inicia en la Casa Museo, donde su arquitectura y decoración expresa la elegancia y tradición asociadas con la exitosa era del «Oro verde».

El visitante tiene la oportunidad de admirar muebles fabricados en 1850, aunque también hay algunos de 1980. Cada vez que los barcos viajaban a Europa para llevar la fibra de henequén, regresaban con muebles que poco a poco fueron habitando la casa.

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«También venían con mosaicos, ladrillos y azulejos para la construcción. Fue la manera en que los hacendados arreglaban sus casas», explicó.

Durante el recorrido, en sus diversas habitaciones, se aprecia el comedor, mesas de pasillo, vitrinas con loza, sillas mecedoras, sillones, trinchadores, máquinas de escribir, jarrones, relojes, espejos, figuras decorativas, candelabros y cuadros antiguos.

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Más adelante está la recámara cuya cama está forrada con sábanas y colcha de la época. Al lado está el baño que conserva su lavabo, WC y tina originales. En las paredes lucen colgados infinidad de platos de cobre y latón con diversos gravados.

A espaldas del casco de la hacienda, cerca a las villas del hotel, destacan los diseños multicolor de los pisos de pasta, los detalles de mampostería y su herrería de época que transportan a un tiempo en el que se mezcla el presente con el pasado.

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Al bajar las escaleras, sobresale la alberca y en medio del hermoso jardín luce una gran fuente con una rana de piedra en medio. El paseo continúa por un camino de tierra que conduce a la Casa de Máquinas o a las fábricas, donde se conoce el proceso del henequén y el uso de la maquinaria con la que se trabajaba la fibra.

«Primero se visita el sistema Corona con el que se hacían las cuerdas de manera manual. Después observamos la desfibradora de 1857, es una máquina yucateca diseñada por José Esteban Solís. La siguiente parada es la prensa que data de 1880. Fue traída de Nueva York y en ella se hacen las pacas», precisó.

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«De aquí nos vamos a la Cordelería, donde están las hiladoras, las cordoneras, la bolera y la jarciera que, finalmente, muestra el proceso de las cuerdas pero con maquinaria. Estas máquinas son de 1915, aproximadamente», indicó.

Aclaró que desde hace varios años ya no exportan el henequén ni su producto. Las pacas que derivan se distribuyen básicamente en el área local que la utiliza para fabricar artesanías y cuerdas.

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«Anhelamos que el henequén se convierta de nuevo en una industria. Sirve para hacer costales en los que se guardan los granos que se exportan, cuerdas para los grandes barcos, alfombras y licor derivado de su agave.

La segunda parte del recorrido consiste en abordar los llamados truck para visitar los campos del henequén, la Casa Maya y el cenote Dzul Ha (Caballero del agua), un espejo de agua fresca y cristalina.

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Los truck son plataformas de madera tiradas por mulas que transitan los caminos de rieles. Al avanzar, los henequenales se imponen con sus formas y texturas en grandes extensiones bajo un cielo azul repleto de nubes. Pareciera el paisaje de un cuadro acabado de pintar.

Al concluir el recorrido, después de un acalorado día, el visitante puede sumergirse durante media hora en el cenote privado de la hacienda que tiene una profundidad de 14 metros. Se le proporciona un chaleco salvavidas y siempre hay una persona vigilando la seguridad de quién se mete a nadar.

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Sus frías aguas se filtran entre las rocas y corren bajo los pies. En la parte superior se pueden admirar las estalactitas y estalagmitas del corazón de la tierra.

De acuerdo con Mariana Arjona, un total de 120 empleados trabajan en la Hacienda Sotuta de Peón y se distribuyen entre los campos, el hotel, los jardines, el restaurante, los guías, etcétera.

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El turismo nacional es el que más frecuenta la Hacienda Sotuta de Peón. De los extranjeros que la visitan son principalmente estadunidenses, canadienses y europeos provenientes de Alemania, Francia e Italia. Por lo anterior, los tours se explican en inglés, francés y español.

Los jardines de este majestuoso patrimonio histórico fueron escenario para la grabación de la telenovela «Vidas robadas», que hace ocho años protagonizaron la argentina Christian Bach y el chileno Andrés Palacios.

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